En Paraguay, el criadazgo afecta a casi 47.000 niños, niñas y adolescentes que viven bajo un sistema que promete cuidado y educación, pero que en la práctica los expone a explotación, abandono escolar y aislamiento familiar, según datos oficiales del 2020.
De acuerdo con registros de la Dirección General de Estadísticas, Encuestas y Censos, unas 46.993 personas menores de edad se encuentran bajo esta modalidad, que consiste en la entrega de niños de familias en situación de pobreza a hogares con mayores recursos. Sin embargo, lejos de garantizar protección, muchos terminan realizando tareas domésticas de manera forzada, sin acceso regular a la escuela ni a espacios de recreación.
En ese sentido, el viceministro de Protección Integral de los Derechos del Niño, Niña y Adolescente, Eduardo Escobar Said, explicó que se trata de una práctica, lastimosamente aún socialmente tolerada, especialmente cuando implica el traslado de menores desde zonas rurales hacia centros urbanos. No obstante, aclaró que, detrás de ese supuesto “cuidado”, se oculta un esquema de vulneración que priva a los niños de sus derechos más básicos.
Además del impacto educativo, la situación también afecta la salud emocional y psicológica de quienes viven bajo este régimen. Según advirtió la autoridad, estos menores pierden el derecho a crecer con su familia de origen, a compartir con sus padres y hermanos, y a desarrollarse en un entorno seguro, lo que deja secuelas profundas en su identidad y autoestima.
Por todo esto, actualmente se impulsa un proyecto de ley que apunta a erradicar esta práctica y reforzar los mecanismos de protección. Mientras tanto, las autoridades instan a la ciudadanía a dejar de normalizar el criadazgo y a denunciar cualquier caso, ya que se trata de una forma de violencia estructural que atenta contra la infancia.

