Por: Daniel Fernando Mejía Lozano.
Corresponsal senior desde Francia.
La artista María Mercedes Sánchez presentó sus tres piezas en París: La Virgen de la Arepa, Llámame y Amour Pur. No las describe como meras obras de arte, sino como presencias, “altares contemporáneos”, donde lo cotidiano adquiere una densidad espiritual. Objetos domésticos, símbolos de pertenencia, fragmentos de fe popular: Todos rescatados del desgaste del tiempo y devueltos a la mirada sin artificio, revelando su esencia más que embelleciendose.
En particular, La Virgen de la Arepa se presenta como un gesto de memoria. Inspirada en la pintura barroca francesa pero despojada de solemnidad histórica, la pieza construye un altar donde conviven lo popular, lo kitsch, lo devocional y lo íntimo. No como ironía, sino como supervivencia.
La obra de Sánchez se exhibe en el marco de “Comparaisons Paris”, una de las muestras de arte contemporáneo más antiguas y prestigiosas de Francia. Fundada en 1955, Comparaisons surgió como una alternativa a los salones tradicionales parisinos, promoviendo el encuentro entre artistas de distintas generaciones y disciplinas.
El evento se celebra en el Grand Palais, el icónico edificio construido para la Exposición Universal de 1900, famoso por su inmenso techo de vidrio y hierro, que durante más de un siglo ha sido testigo de momentos clave de la cultura y la innovación artística en Francia. Exhibir allí no solo representa un reconocimiento formal, sino la posibilidad de dialogar con una historia que abarca desde el arte decimonónico hasta las propuestas más experimentales del presente.
Hablar con Sánchez es asistir a una convicción tranquila. No defiende teorías del arte, sino experiencias vitales: Cómo lo doméstico puede contener lo sagrado, cómo la fe puede manifestarse en aquello que la cultura oficial considera menor.
La artista describe su participación en el Grand Palais con una emoción sobria, casi contenida. No como una conquista, sino como un tránsito. Su sencillez, rara en el arte internacional, era evidente: una ausencia total de estridencia. Su obra no busca imponer símbolos, sino revelar los que ya habitan en los objetos, ofreciendo una espiritualidad sin dogmas y una devoción llena de luz.

