Por: Daniel Fernando Mejía Lozano
Corresponsal sénior desde París

El nombre de otra mujer se suma este jueves a las cifras que sacuden a España: Una mujer de 37 años, de nacionalidad paraguaya, fue asesinada presuntamente por su expareja el miércoles en un apartamento del barrio de Tetuán, en el norte de Madrid, en un crimen que las autoridades investigan como violencia machista.

La Policía Nacional de España informó que el presunto agresor, también de origen paraguayo, se presentó voluntariamente ante una patrulla y confesó haber matado a su expareja. Los agentes que acudieron al domicilio hallaron el cuerpo de la mujer tendido sobre la cama, con signos claros de estrangulamiento y sin vida desde hacía horas.

El último mensaje que envió el hombre acusado del asesinato generó conmoción y múltiples interrogantes. “¿Y tú saldrías con alguien como tú? Yo iría a la guerra por alguien como yo”, escribió antes de que ocurriera el crimen. La frase, breve pero cargada de significado, se interpretó por especialistas como una posible ventana a la dinámica emocional que pudo haber precedido a la tragedia.

El contenido del mensaje sugiere, en primer lugar, una pregunta que no parece buscar respuesta sino cuestionar o descalificar a la otra persona. La formulación “¿Y tú saldrías con alguien como tú?” Puede leerse, según los expertos, como un intento de invertir la responsabilidad o sembrar duda sobre el valor o la conducta de la víctima, un recurso frecuente en relaciones marcadas por conflictos de poder. En contraste, la segunda parte —“Yo iría a la guerra por alguien como yo”— proyecta una imagen de autoafirmación intensa, incluso grandilocuente, que coloca al emisor en el centro de la narrativa.

Sin embargo, los expertos advierten que ningún mensaje aislado permite establecer un diagnóstico clínico. Para comprender plenamente el significado psicológico de esas palabras sería necesario analizar el contexto de la relación, los antecedentes personales y el estado emocional del autor en el momento de escribirlas. Aún así, el texto cobró relevancia pública porque parece condensar tensiones profundas que, según las investigaciones, terminaron en un desenlace fatal.

¿Quién era la víctima?

La víctima era madre de dos hijos -uno de ellos de corta edad- que no eran del detenido, y aún se desconoce si estaban presentes en el hogar en el momento del crimen. La investigación continúa, y hasta ahora las fuerzas de seguridad no han confirmado la existencia de denuncias previas por violencia machista contra el sospechoso.

Un problema estructural

Este caso se inserta en una realidad persistente en España: Cada año decenas de mujeres son asesinadas por hombres con los que tienen o tuvieron una relación afectiva. En 2024, se registraron 48 feminicidios, la cifra más baja desde 2003, pero aún así equivalente a una mujer muerta a manos de su pareja o expareja cada poco más de una semana.

Y las cifras no solo hablan de homicidios: Cada día se registran cientos de denuncias por violencia de género y abusos sexuales en todo el país. En 2025, en torno a 560 denuncias diarias por violencia machista y otras 55 relacionadas con delitos sexuales, incluida la violación, han sido archivadas o atendidas por las autoridades y los servicios de apoyo.

La vulnerabilidad de las mujeres migrantes

Los números también revelan patrones persistentes de desigualdad: Las mujeres migrantes están sobrerrepresentadas entre las víctimas de feminicidio. En los últimos años, las estadísticas del Consejo General del Poder Judicial mostraron que más de la mitad de las mujeres asesinadas por violencia de género en España eran extranjeras, pese a representar una proporción menor de la población total.

Organizaciones sociales y colectivos feministas insisten en que las mujeres migrantes enfrentan barreras adicionales a la hora de denunciar o escapar de situaciones de abuso, como el temor a perder su estatus migratorio, dificultades lingüísticas o falta de acceso efectivo a redes de apoyo.

En recientes protestas y concentraciones, defensores de derechos humanos han denunciado que casos de violencia extrema contra mujeres migrantes no reciben la misma atención mediática o institucional que los de mujeres nacidas en España, y han exigido políticas más específicas y recursos adecuados para proteger a todas las víctimas, sin importar su origen.

Una tragedia que no cede

Cada nuevo caso, como el de esta mujer paraguaya en Madrid, reaviva el dolor colectivo y las preguntas sobre la eficacia de las medidas de protección existentes. A pesar de décadas de campañas, leyes y protocolos específicos, la violencia machista continúa siendo una de las formas más persistentes de discriminación y vulneración de derechos en España y en Europa.

Las autoridades recuerdan los servicios de apoyo disponibles —como la línea telefónica 016 y programas de protección para víctimas— y subrayan la necesidad de que cualquier signo de maltrato sea denunciado y atendido con rapidez.

Sin embargo, para muchas mujeres y sus familias, las cifras y los recursos no logran mitigar la angustia que sigue dejando una estela de vidas rotas y un grito constante de justicia.